Sunday, January 18, 2026

Factfulness - Historia Personal

Acabo de leer mi primer libro del 2026, Factfulness, y vaya que me dejo pensando. El autor dividió el mundo en 4 niveles basado en el ingreso per cápita diario en USD. Nivel 1 ($0 – $2), nivel 2 ($2 – $8), nivel 3 ($8 - $32) y nivel 4 ($32 o más). Puso en una tabla como las familias viven en promedio en cada nivel, como consumen agua, se transportan, cocinan, comen y duermen. Por ejemplo, el agua en el nivel 1 la gente camina a una noria, en el 2 van en bicicleta a la noria, en el 3 van a un grifo comunitario y en el 4 ya tienen agua en su casa. Más información https://www.gapminder.org/fw/income-levels/ 

Después de ese libro entiendo por qué veo tan diferente el mundo comparado con mis hijos o algunos otros, en mi corta vida he visto como mi familia ha pasado del nivel 1 al 4. Mi padre nació en 1943 en un ejido de Coahuila, San Pedro de las Colonias; era tan pequeño y pobre el ejido que ni iglesia había, mi padre me contaba que nunca había visto una iglesia y que cuando un avión pasaba por el cielo se escondía por tener miedo a que se cayera. Mi madre nació en 1948 con una historia muy parecida, pero en un ejido de San Luís Potosí. En esos años México estaba en el nivel 1, casi llegando al nivel 2 con un ingreso anual per cápita de $3,790USD. El autor comenta que incluso dentro de los mismos países hay diferentes niveles, mis padres nacieron en nivel 1 o 2 dentro del mismo nivel 1. Mis padres llegaron a Monterrey en los 60s, México ya había cruzado al nivel 2 ($6,200USD) pero llegaron a uno de los barrios más pobres de la ciudad, el barrio San Luisito (el del corrido de Monterrey), Colonia Independencia (Indepe). Yo nací en 1971, México ya estaba a mitad del nivel 2 con un ingreso anual per cápita de $8,820USD. 

Mi padre estudio docencia y para cuando yo nací ya trabajaba como maestro, un sueldo bastante bueno a comparación de cuando llego a la ciud’a; sin embargo, toda su familia y la de mí madre seguían viviendo en el barrio San Luisito. Nosotros nos mudamos a un fraccionamiento (nótese, fraccionamiento no colonia) en los suburbios, el sindicato del magisterio construyo casas para los maestros a precios “amigos” y sin intereses (¡que tiempos!) pero seguíamos visitando a la familia en el barrio. Cuando mis amigos me preguntaban ¿Dónde vivía tú familia en la Indepe? Les contesto, donde se acababa el pavimento, 3 cuadras más arriba. Los primero eran mis primos y más arriba donde no pasan carros mí abuela y tías. La casa de mi abuela estaba pasando un bado que cuando llovía se convertía en una arrollo lleno de basura. No había recolección de basura por el municipio así que la gente que vivía más arriba en el cerro aventaba la basura en el arroyo y ahí que se arreglen los Fifis que viven abajo. Así como no había recolección de basura pues tampoco servicios, agua, drenaje, electricidad, alumbrado en las calles y mucho menos policía. El agua para consumo la iban a llenar en botes a una llave comunitaria y acarrearlos a unos tanques dentro de casa. En la mayoría de las casas no había electricidad y se alumbraban con lámparas de petróleo, para cocinar había que ir a llenar el tanque de gas o con leña afuera de la casa. Recuerdo que uno de mis tíos tenía un burrito y pues el pobre animal era el medio para transportar agua, gas o lo que sea pesado ya que no tenían carro y ni pa’que tener si ni podía subir a donde vivían. Siempre nos teníamos que regresar a nuestro barrio Fifi antes de anochecer porque si se hacía tarde pues corrías el riesgo de que “el barrio te comiera.” Cuando había fiestas tocaba quedarse para evitar “malentendidos.” En nuestro fraccionamiento y casa privilegiada de 80 metros cuadrados teníamos todas esas comodidades neoliberales, agua, energía, gas natural, pavimento, alumbrado público, recolección de basura, etc. Aire acondicionado y teléfono ni pensarlo, eso si ya era mucho lujo.

Mi familia se empezó a salir de la Indepe a mitad de los años 80s ($14,330USD), ya era imposible vivir ahí por tanta violencia, pero igual, a lugares donde los servicios eran escasos, pero al menos no había matazones en las calles. Solo se quedaron unos tíos solteros de mí madre a los cuales los visitábamos con mucha alegría. Ellos tenían un jacalito que la puerta eran unas cortinas, la gente los concia y apreciaba así que se sentían seguros.

En 1993 me gradué de la universidad y en esos años México acaba de pasar al nivel 3 ($16,900USD anuales per cápita). ¡Vaya logro! En un poco más de 20 años de mi vida (1971 a 1993) el ingreso de los mexicanos casi se duplico. Pero no solo mío, la mayoría de mis primos también se graduaron de la universidad, tenían un mejor ingreso y ya vivían en vecindarios con todos los servicios. Los burritos ya solo los veíamos en las películas del cine dorado con Tizoc montado y en TV de color.

Emigre a Canadá, un país de nivel 4, en el 2001. En ese año México tenía un ingreso de $19,600USD y Canadá $48,900USD. ¡Y vaya que todo era diferente! Todos los servicios funcionan como en automático. Llevamos 25 años en el nivel 4, ninguno de los países ha cambiado mucho en su ingreso per cápita. La estadística en el 2024, México $22,000USD y Canadá $56,700USD; sin embargo, como dice el autor, la diferencia entre los niveles se nota en los servicios públicos, salud, seguridad, agua, electricidad, escuelas, calles, etc. Es precisamente ahí cuando notas que las políticas públicas de los gobiernos están funcionando. 


Sunday, January 4, 2026

Venezolanos, los amables de Monterrey

En el Airbnb de Monterrey había una fondita donde vendían desayunos y comidas del día. Siempre tenían de tres a cuatro platillos diferentes, los que recibían supongo eran los dueños que en su mayoría eran regios, lo asumí por el acento y la manera tan “amable” de atender a los clientes… ¿Buenas tardes, que platillo tienen? “pos no los ve, ahí tan.” No así pero casi, casi. Pues tenemos lo que esta ahí, pase, esa era la respuesta.

Por otro lado, el mesero era un joven muy amable que siempre atendía a los comensales de una manera cordial ¿Algo de tomar? ¿Qué le falta? ¿Le traigo más tortillas? Siempre corriendo, de un lado a otro. En una ocasión le pido la cuenta, pago, me trae el cambio y estaba mal. Le digo, joven me dio el cambio mal, me faltan cincuenta pesos, a ver, déjeme le digo a la de la caja; una hermosa, voluptuosa y mal encarada regia. Los veo a la distancia, ella no lo puede creer porque uso la calculadora, me imagino que pensó que el joven se los había clavado, pero al final hizo las cuentas y si estaba mal. Llega el joven con el cambio correcto y me dice, usted disculpe no se lo que paso. Le contesto que no se apure y le pregunto de donde es su acento. Me dice soy venezolano. Le digo, ah, estaba debatiendo con mi esposa si eras cubano o venezolano. ¿Y estas de paso para irte al imperialismo? Y me dice, no pana, ya fui allá y estuve encerrado esposado como un criminal, yo ya no me regreso con esos gringos. No pus si la pasaste mal. Yo me quedo aquí en Monterrey, me gusta, me tratan bien y además son peloteros como en Venezuela. ¡Arriba Los Sultanes!

En un TikTok había visto que en Monterrey hay unos tacos con mención Michelin, los tacos del muerto. Realmente no se llaman así pero como están frente a un panteón la gente los llama así. Llegamos a los tacos, una joven muy amable nos explica como funcionan las cosas, usted me dice que quiere, le doy la orden, paga en la caja y se los llevamos a donde este sentado. Ordenamos, nos sentamos en la mesa, un joven que andaba corriendo por todos lados llega, nos limpia la mesa, nos pregunta si pedimos algo de tomar, si, unos jugos, nos los trae con unos rabanitos, salsas y nopales curtidos. Me dice ahorita le traigo la orden, con permiso. Le noto un acento extraño, pero no dije nada. El joven corría de arriba abajo llevando y trayendo ordenes de tacos, refrescos, jugos, limpiando mesas, levantando basura, cobrando, etc… siempre muy amable dando las gracias. Los comensales notaban su trabajo duro y le daban buenas propinas, $200, $300 y vi que hasta $500 pesos le daban. Me voltea a ver y me pregunta ¿No ha salidos sus tacos? A ver, espéreme, ya se tardaron. En chinga va, les reclama a los taqueros y nos trae los tacos. Me dice, usted disculpe, no se lo que paso. Le digo ¿venezolano? Si compadre aquí dándole. ¡Eso usted ya habla como regio! Me contesta ¡A guebo! Le digo a mi esposa, ya me extrañaba que fuera tan amable y mira que bien le va solo siendo amable.