Thursday, August 8, 2013

Take a ride, find a bride

Esta mañana, muy temprano y como algunas mañanas de verano, salimos mi pareja de 20 años y yo a caminar para tomar el fresco, desayunar fruta silvestre recién piscada por nosotros de los árboles del vecindario (ciruelas y moras negras) y tomar una taza café - si lo que venden en Starbucks se considera café- acompañados por alguna repostería horneada la noche anterior -el día de hoy fue un panque de limón con arándanos morados -. Tenemos cuidado de salir los días que no sean de recolección de basura, ya que esos días son los del bufete para nuestros vecinos los osos y pues aunque me llevo bien con ellos, esos días son un poco sensibles con su basura.


Al llegar al Starbucks la barista me prepara inmediatamente mí acostumbrado solo espresso, solo espera a que ordene la bebida impredecible de mi acompañante y que pague. Nos sentamos frente a la mesa de la caja, la cual tiene una gran ventana que da hacia el este por donde se meten los matutinos rayos solares y frente al puesto de periódicos. Mientras esperaba el “café” me llamo la atención el encabezado de hoy en el periódico gratuito metro de Vancouver Take a ride, find a bride! Presentí de lo que se trataba el artículo pero para matar mi curiosidad tome el periódico para corroborarlo, total, es gratis. En efecto, el artículo se trataba de una pareja que se conoció en la ruta #3 del transporte público de Vancouver y pidieron permiso a TransLink, la compañía operadora del transporte público, de casarse en la misma ruta. La encargada de comunicaciones se preguntaba asombrada ¿realmente cuantas personas se conocen en la parada del camión y se casan? Eso me recordó algo que escribí en nuestro aniversario en Julio del 2010, 17 años después. Y pues sí, nosotros somos unos de esos raritos que se conocieron en el transporte público, se casaron y llevan 20 años juntos. Sin embargo hay unas pequeñas diferencias a con nuestra paisana pareja canadiense. Pasaron más de algunos meses para casarnos, nos conocimos en el transporte público del tercer mundo (ya sabemos que aventuras se viven ahí) y obviamente no vivimos esa “hermosa experiencia” de casarnos en el camión... aunque pensándolo bien, hubiera sido divertido y más barato. 



Para empezar no tendríamos que pedirle permiso a ninguna compañía operadora ¿¡Qué es esto, una burocracia administrativa!? El jefe de ese camión es nuestro audaz conductor, tras el volante él es el amo y señor. ¿Encargada de comunicaciones? Pfff... ¿A ver, que re-chingados hay que comunicar? ¡Es un camión! Llevamos y traemos “gente” pues. El único que habla aquí es el patrón, sino les gusta ahí está la puerta... y pásele pa tras que ahí hay más lugar. Le hubiéramos preguntado al choffi directamente ¿nos deja casarnos en su camión? Tal vez se nos hubiera quedado viendo con cara de ¿pos que chingados train? Hacia una rápida consulta con su co-piloto/portero que colgado de la puerta recibe a los pasajeros “¿como ves pelos, los dejamos casarse? Ahí lo que diga este wey del pelos.” Finalmente hubieran accedido y dicho hagan lo que les de su pinche gana pero rapidito súbanse que ya voy tarde... ¿Tarde? Si ni horario llevan. Como sea cabrón, ya súbanse, solo les pido que no se orinen en el pasillo, échenlo en un botecito.


 
La música hubiera sido variada, en el camión que nos conocimos el choffi era un romántico empedernido, le gustaban las canciones de Julio Iglesias, Palito Ortega, José José, Emmanuel, etc... y no era tímido en su gusto musical, lo que si es que era un poco sordo porque a como le gustaba escuchar la música a todo volumen... pero pos ni como molestarlo, el letrero arriba del espejo lo decía bien claro “no moleste al operador” pero bueno, ese repertorio musical era excelente para recibir a los invitados. Pa empezar el baile una cumbia vallenata con instrumentos improvisados, botes de lámina como tambores y maracas, güiros de botes de plástico y el instrumento maestro, ese si de verdad, el acordeón. El grupo musical por supuesto muy profesional y ameno, shorts de mezclilla, converse, paliacate en la cabeza y bailando por los pasillos del camión. Pero no todo puede ser diversión para los adultos, también contaríamos con los payasos para diversión de los niños que dirían chistes pelados y harían malabares con sus pelotas (las de plástico). Y para cerrar, un buen y profesional Fara Fara con su música norteña, bota lustrada, ropa y sombreros planchados, bigote y patillas peinadas, pelo corto… todos unos profesionales, como la mayoría de los artistas urbanos del mundo en desarrollo.



Los aperitivos hubieran estado de lujo, semillitas, cacahuates, chicharrones, fruta, algunas aguas frescas y paletas de hielo. Eso sí, la bebida es a su placer, total el choffi va con su caguama con el pretexto del calor... y si le da más calor mueve el vidrio frontal horizontalmente para que entre el aire “fresco” de 43 grados centígrados de afuera... espero que los invitados no se molesten por el aire tan fuerte y caliente.



La boda hubiera sido todo un jitazo, nos podríamos haber enorgullecido de decir “estaba a reventar que algunos estaban colgados de la puerta y se salian por las ventanas.” Hasta en una chansita el matrimonio se hubiera consumado… ¿pa que esperar hasta la noche? Además, nada que no haya pasado o pase en cualquier transporte público de todo el mundo.