Salimos a buscar fruta fresca de nuestro Airbnb en el centro de Monterrey. Esta vez decidimos quedarnos en un estudio en el corazón de la ciudad, a una cuadra del palacio del gobierno del estado. El edificio se llama Barrio W ubicado en la calle Washington esquina con Mariano Escobedo. El edificio muy bonito, con amenidades de lujo en una zona que antes era conflictiva... bueno, lo sigue siendo, en especial en las noches, si caminas un par de cuadras hacia el sur está el mercado Juárez y ahí nos dirigimos arriesgando el pellejo primermundista en busca de la fruta prohibida. Claro, yo tengo color y cara del pueblo así que puedo pasar como uno de tantos que va a buscar placer (alimenticio o corporal) al mercado y sus alrededores lleno de cantinas.
Llegamos al mercado y lo único que veo son puestos de comida, tacos, carnitas, cabrito, antojitos, caldos, etc… Le pregunto a uno de esos que te acosan tratando de meterte a su puesto ¿oye y donde están los puestos de frutas? No compar’e (así nos hablamos entre pueblo) aquí ya no hay, todo eso se fue al mesón a 2 cuadras de aquí. U quela, eso de ir al mesón ya son palabras mayores, así que decidimos abortar la misión, ahí uno arriesga mucho el pellejo a pesar de tener piel color cazuela.
De regreso nos fuimos por la calle Emilio Carranza, una cuadra al oeste de Escobedo, y sorpresa, una paletería Michoacana que vendía fruta ya cortada, justo en la esquina de Emilio Carranza y Washington. Enfrente de la paletería esta la Universidad Metropolitana de Monterrey, ni idea de esa universidad. Entramos a la paletería y le pregunto al señor – de mí edad o un poco más grande, cincuentero pues – que fruta fresca tiene, me dice tengo solo papaya, melón y plátano, me dice, es que no tengo mucha porque nunca me piden fruta. Me imagino, las nuevas generaciones (le señalo la universidad) no comen fruta ¿verda? Si eso es lo que comíamos cuando éramos niños ¿no? Y que le doy cuerda, uy sí, fíjese, cuando yo era niño en Michoacán a veces solo teníamos para comer plátanos y nos mandaban a la escuela sin comer, tenía que caminar como una hora para llegar a la escuela. Le digo y solo tomábamos agua de frutas, no refrescos que son tan malos. Pues fíjese, me dice, no me lo va a creer, pero yo no conocía que era un refresco. Un día, un tío que llego del gabacho me dice, voy a comprar un refresco para que lo pruebes, nombre casi me vomito, sentí bien feo en mí boca esas burbujas, yo pensaba que me estaban envenenando. Es que nosotros éramos muy pobres, mis compañeros me decían el roto porque mis pantalones del uniforme los traía siempre rotos y a mí eso me daba mucho coraje, pero me aguantaba. Le digo, eso que hoy le dicen bullie. Ándele eso, pero pues a mí me dieron fuerzas pa’salir adelante. Le pregunto ¿esta es su paletería? Si, tengo dos en Michoacán que las atiende uno de mis hijos y mí esposa, una en Querétaro que la atiende mi otro hijo y esta que la empecé hace 1 año. ¿Y que tal, como le va aquí en Monterrey? Uy no oiga, a mí me habían dicho que Monterrey era una ciudad muy avanzada, bonita, con mucho dinero, cosmopolita y pues no. Fíjese, ese semáforo en la esquina duro sin funcionar como 6 meses, me canse de hablarles, hubieron varios accidentes y nada, y eso que el palacio del gobierno del estado esta a una cuadra. No, la verdad que yo tenía otras expectativas de esta ciudad, en especial porque me decían que parecía el gabacho y pues nada que ver. Dicen mis amigos que abrí en una de las zonas más feas del centro. Le digo pues la verdad sí, aquí si este medio feo. No la más fea porque hay zonas peores, pero si es feita. ¿Le digo, ah, usted ha estado en USA? Uy si oiga, es que a mí me contratan para abrir Michoacanas y he estado por todo USA y Canadá. Yo los entreno en como abrirlas, como hacer las paletas y nieves. Ándele, pues nosotros somo regios – coahuiltecas (indígenas de esta tierra donde tiene su paletería y que no me ha pagado nada por usar mí tierra), no le dije, pero lo pensé; pero ahora vivimos en Vancouver. ¿Ha estado uste por allá? No fíjese que no, pero he estado en Toronto. ¿Y que tal, no le gusto para vivir ni USA o Canadá? Pues la verdad no, a mí me gusta México. Pues que bien, mire todo lo que ha conseguido a pesar de que los bulleaban de niño. La verdad que sí, agradezco porque eso me hizo más fuerte y ahora ya no soy “el roto.” ¡Eso! Pues un placer conocerlo, nos despedimos con un apretón de manos.
Fuimos otros días a comprarle fruta y en una ocasión sobraban $5 pesos, le digo no se apure, así déjelo. Me contesta, no me lo tome a mal y se lo agradezco, la verdad entiendo porque lo hace, pero yo soy de esas personas que les gusta dar y no recibir. Me devolvió los $5 pesos.