Durante las calurosas noches de verano, después de la cena, mi padre nos invitaba a tomar un helado en el centro de la ciudad. El paseo de casa a la nevería duraba cerca de 30 minutos en los cuales, mi hermana y yo, leíamos lo espectaculares o contábamos los autos de “x” o “y” color o jugeteabamos en el inmenso piso del Ford Falcon 1969 (afrodisíaco el modelito). En aquel entonces no existían los video juegos portátiles así que disfrutabamos de las cosas simples de la vida. La fila para los helados era sobre la diminuta acera de la transitada calle Zaragoza en donde si te descuidabas lo menos que podrías sufrir era un espejazo. Después de pedir nuestros helados de piña colada o pastel de queso con zarzamora paseábamos por las calles de la ciudad disfrutando de la fresca brisa nocturna y de uno de los mejores placeres de la vida, ver la vida pasar. Alrededor de las diez de la noche, emprendíamos nuestro viaje de regreso a casa ya que la temperatura descendía a los gélidos 20 grados centígrados y a mí padre le molestaban las reúmas o la sinusitis, mientras mi madre nos arropaba con un suéter para protegernos de hipotermia. A mi padre le gustaba regresar por la avenida Francisco Ignacio Madero, conocida en aquel entonces como calzada Madero. En aquellos años era una avenida muy bonita de cuatro carriles en donde en el centro de la avenida habían palmas y bancas y en donde la gente paseaba con su familia disfrutando de la música.
Otras veces, cuando no podíamos tomar helados por las bajas temperaturas de 15 grados centígrados mi padre nos invitaba a comer elotes en la plaza de la Purísima. Como en la mayoría de las plazas de México, la plaza estaba ubicada frente a la iglesia de la Purísima. La plaza tenia una hermosa fuente con agua (yo creo que era la única fuente con agua en la ciudad), llena de flores y arbustos, se sentía un ambiente muy campirano. No me gustaba mucho esa plaza ya que estaba embrujada, entre los arbustos se podían escuchar gemidos y lamentos. Por alguna extraña razón, algunas parejas escogemos “platicar” en esas plazas frente a la iglesia, me imagino que para ir a la iglesia después a limpiar nuestra pecadora alma. Aunque si daba un poco de penita por que el caldo del elote siempre se nos derramaba, a los varones, en el pantalón. Lo peor era cuando el sacerdote nos pedía lujo de detalle para que se nos perdonara nuestra alma pecadora.
Algunos domingos íbamos a la función de matine en el cine Montoya ubicado en la calle Villagran, frente a la alameda. Después de ver a Peter Pan con voz del Piporro o Baloo con voz del Loco Valdez comíamos cabrito en algún restaurante de los alrededores. Terminado el banquete y para hacer digestión del animal paseábamos por la alameda disfrutando de una deliciosa natilla, obsequiada por el restaurante. En la alameda se encontraba la fuente del chorrito (algunas veces tenía un chorrito de agua), la cual fue bautizada así en honor de Gabilondo Soler Crí - Crí y en la cual se instalaba el equipo de sonido de alta fidelidad para tocar sus discos de 33 revoluciones de tan aclamado canta autor.
La vida en Monterrey era bastante segura, tranquila y se respiraba un ambiente de progreso y buen futuro para todos los ciudadanos. Por muchos años la área metropolitana de Monterrey fue la región de México con la mejor calidad de vida. Gente trabajadora, honesta, educada, orgullosa, mujeres hermosas (mi esposa es regia), con una de las mejores Universidades de América Latina, ciudad industrial y un clima de la chingada.
Hace diez años salí de Monterrey, podría decir que para buscar un mejor futuro, pero la verdad salí para cambiar de ambiente, llevaba muchos años soportando a los regios. Al único regio que soporto es a mí y a veces... también a mi mujer pero eso es por conveniencia corporal. Desde nuestra salida tratamos de visitar Monterrey cada año para seguir en contacto con la familia, amigos, cultura y desmadre. En nuestra última visita, a principios del 2010, la ciudad aún se sentía “¿prometedora?” Hoy no estoy tan seguro. Me asombra leer en los periódicos que ahora las escuelas de la área metropolitana están practicando simulacros de seguridad anti-balceras.
¿Pos que chingaos nos pasa? ¿Que le estamos enseñando a nuestros hijo? Con esto les estamos diciendo, “es algo con lo que tenemos que vivir por que no confiamos en nuestro gobierno, ni en nuestra capacidad de unirnos para exigirle a ese gobierno por tu seguridad, hijo”. Y al gobierno le estamos insinuando, “no te preocupes, sigue haciendo tu mal trabajo, nosotros los ciudadanos nos adaptamos. Ya sabes que no somos unidos, ni para con nuestro propio beneficio e interés”.
¿Donde quedo ese orgullo regio que llevo a ser de esa ciudad un ejemplo para el país? El estado y sus municipios han pasado por dos diferentes partidos políticos y las cosas siguen igual o peor. Ambos partidos políticos se han dado cuenta de la pasividad ciudadana y se han aprovechado de ello. Es fácil culpar a los políticos por los problemas de la ciudad pero no olvidemos que al gobierno los elegimos los ciudadanos. ¿Queremos un cambio? ¿Estamos hartos de la inseguridad y de que nuestro gobierno no nos escuche? Entonces seamos mas unidos y exijamos un cambio. Egipto lo ha echo ¿que esperamos nosotros los regios?
Otras veces, cuando no podíamos tomar helados por las bajas temperaturas de 15 grados centígrados mi padre nos invitaba a comer elotes en la plaza de la Purísima. Como en la mayoría de las plazas de México, la plaza estaba ubicada frente a la iglesia de la Purísima. La plaza tenia una hermosa fuente con agua (yo creo que era la única fuente con agua en la ciudad), llena de flores y arbustos, se sentía un ambiente muy campirano. No me gustaba mucho esa plaza ya que estaba embrujada, entre los arbustos se podían escuchar gemidos y lamentos. Por alguna extraña razón, algunas parejas escogemos “platicar” en esas plazas frente a la iglesia, me imagino que para ir a la iglesia después a limpiar nuestra pecadora alma. Aunque si daba un poco de penita por que el caldo del elote siempre se nos derramaba, a los varones, en el pantalón. Lo peor era cuando el sacerdote nos pedía lujo de detalle para que se nos perdonara nuestra alma pecadora.
Algunos domingos íbamos a la función de matine en el cine Montoya ubicado en la calle Villagran, frente a la alameda. Después de ver a Peter Pan con voz del Piporro o Baloo con voz del Loco Valdez comíamos cabrito en algún restaurante de los alrededores. Terminado el banquete y para hacer digestión del animal paseábamos por la alameda disfrutando de una deliciosa natilla, obsequiada por el restaurante. En la alameda se encontraba la fuente del chorrito (algunas veces tenía un chorrito de agua), la cual fue bautizada así en honor de Gabilondo Soler Crí - Crí y en la cual se instalaba el equipo de sonido de alta fidelidad para tocar sus discos de 33 revoluciones de tan aclamado canta autor.
La vida en Monterrey era bastante segura, tranquila y se respiraba un ambiente de progreso y buen futuro para todos los ciudadanos. Por muchos años la área metropolitana de Monterrey fue la región de México con la mejor calidad de vida. Gente trabajadora, honesta, educada, orgullosa, mujeres hermosas (mi esposa es regia), con una de las mejores Universidades de América Latina, ciudad industrial y un clima de la chingada.
Hace diez años salí de Monterrey, podría decir que para buscar un mejor futuro, pero la verdad salí para cambiar de ambiente, llevaba muchos años soportando a los regios. Al único regio que soporto es a mí y a veces... también a mi mujer pero eso es por conveniencia corporal. Desde nuestra salida tratamos de visitar Monterrey cada año para seguir en contacto con la familia, amigos, cultura y desmadre. En nuestra última visita, a principios del 2010, la ciudad aún se sentía “¿prometedora?” Hoy no estoy tan seguro. Me asombra leer en los periódicos que ahora las escuelas de la área metropolitana están practicando simulacros de seguridad anti-balceras.
¿Pos que chingaos nos pasa? ¿Que le estamos enseñando a nuestros hijo? Con esto les estamos diciendo, “es algo con lo que tenemos que vivir por que no confiamos en nuestro gobierno, ni en nuestra capacidad de unirnos para exigirle a ese gobierno por tu seguridad, hijo”. Y al gobierno le estamos insinuando, “no te preocupes, sigue haciendo tu mal trabajo, nosotros los ciudadanos nos adaptamos. Ya sabes que no somos unidos, ni para con nuestro propio beneficio e interés”.
¿Donde quedo ese orgullo regio que llevo a ser de esa ciudad un ejemplo para el país? El estado y sus municipios han pasado por dos diferentes partidos políticos y las cosas siguen igual o peor. Ambos partidos políticos se han dado cuenta de la pasividad ciudadana y se han aprovechado de ello. Es fácil culpar a los políticos por los problemas de la ciudad pero no olvidemos que al gobierno los elegimos los ciudadanos. ¿Queremos un cambio? ¿Estamos hartos de la inseguridad y de que nuestro gobierno no nos escuche? Entonces seamos mas unidos y exijamos un cambio. Egipto lo ha echo ¿que esperamos nosotros los regios?
0 comments:
Post a Comment